Quién soy

Nací en agosto de 1982 en la ciudad de Irún. Mis ídolos de la infancia fueron Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, el Último guerrero, Hulk Hogan, Michael Jordan, Shawn Kemp y un largo etcétera de superatletas. Pero también era fanático de la comida basura y los malos hábitos, llegando a convertirme en un chico de 189 cm y 133 kilos. Me autoconvencía de que no podía hacer nada, que era así y que tenía que aceptarlo. ¿Para qué cuidarse?

Mis excesos frustraron muchas oportunidades en el pasado y, finalmente, me rompí la rodilla practicando mi deporte preferido, el baloncesto. Me operaron, me recuperé y traté de enmendarme. Pero al poco tiempo volvieron la falta de interés y la dejadez. Volví a las mismas rutinas y arrastré la lesión dos amargos años más. Al final, ni yo ni mi rodilla aguantamos más y volví al quirófano.

Tras la operación el cirujano me advirtió de que tras esta operación no debería volver a jugar a baloncesto:

Alberto tiene una rodilla con un desgaste de una persona de 50 años y con un serio problema de sobrepeso. No es recomendable, incluso prohibiría que vuelva a jugar a baloncesto.

Así de claro. Para mí el baloncesto es una parte muy importante de mi vida y no concibo vivir sin él, así que busqué una solución rápida. Pregunté por una abdominoplastia o liposucción, pero el cirujano me lo desaconsejó porque tenía demasiado peso y no valía la pena. Salí de la consulta desilusionado e incluso ofendido, pero al mismo tiempo se encendió una luz dentro de mí. Decidí empezar desde cero haciendo bien las cosas.

Empecé a compaginar las sesiones de rehabilitación de la rodilla con ejercicio moderado en el gimnasio, mientras en casa empecé a controlar las comidas. En el pasado todo esto habría sido una pesadilla, pero lo hice con seriedad y obtuve resultados rápidos. ¡Esto me motivó a seguir con más ganas!

Pasaron las semanas, se acabó la rehabilitación y la rodilla iba por el buen camino, pero ahora dependía de mí reforzarla. Así, fui añadiendo nuevos ejercicios a mis rutinas de entrenamiento en el gimnasio. Poco a poco aumenté las horas de trabajo y la dureza del entrenamiento. A los ocho meses ya había perdido 42 kilos, pero lo mejor era que seguía motivado para volver al día siguiente al gimnasio.

Al antes y después

Todo parecía ir bien. Mi rodilla estaba cada día más fuerte y ya apenas tenía sobrepeso, así que, a pesar de la advertencia del médico, intenté volver al baloncesto. La sensación después del entrenamiento no pudo ser mejor: nunca había jugado en mejor forma fisica. No me cansaba, era más rápido, más ágil, no tenía dolores. En definitiva, era una persona nueva.

Pero la realidad es que mi rodilla sigue estando tocada y, en ciertos momentos, me recuerda que no puedo hacer ciertas cosas. Pese a todo, han pasado cuatro años y sigo jugando al baloncesto sin tener ni una sola lesión seria.

Tras perder tantos kilos seguí yendo al gimnasio pero noté que no evolucionaba más. Estaba estancado y no desarrollaba los músculos como quería, asi que decidí hacer un curso de entrenador personal para seguir aprendiendo. En este curso, además, hice prácticas con gente ayudándola a trabajar en el gimnasio. Esta experiencia me sirvió para darme cuenta de que me gusta ayudar a los demás a alcanzar sus metas como yo lo hice en su momento.

Por eso comienzo esta aventura. Ojalá formes parte de ella.

Paz

Alberto Rioja